sábado, 30 de abril de 2016

Mi embarazo: Semana 19

Que rápidas comienzan a pasar las semanas. Por un lado me alegro, porque es una etapa preciosa, inolvidable, pero tengo tantos miedos... Necesito tenerla ya conmigo, saber que sí, que por fin mi sueño se cumplió. Pero por otro lado, es que me encanta estar embarazada. Amo mi barriga incondicionalmente y cada vez que noto a Baby E es la sensación más bonita que he tenido en mi vida. Y sí, sé que la voy a echar muuucho de menos.

Esta semana, las nauseas que tuve esporádicas las últimas semanas desaparecieron por fin. Sigo con las mañanas complicadas en el sentido de que necesito desayunar muy, muy despacio para no encontrarme mal y que enseguida me noto el estómago vacío, como si lo que como se me fuera directamente a los pies. Pero sigo diciendo que para nada es como esperaba. 

El cansancio sigue siendo mi peor enemigo. Apareció en las primeras semanas y aquí sigue. Me agoto enseguida y muchas veces, doy dos pasos y ya busco una silla. El hierro me salió bien en la última analítica, que es lo primero en lo que pensé, pero ¡uff!, que pasada.

Me hice, tal y como os conté en el post anterior, un cultivo de orina para comprobar si la infección de orina había remitido. Y así es. Ni rastro. Y tal y como me dijeron, muchos de esos pinchacitos que sentía se fueron con ella. Que no vuelva, gracias. Recordadlo: en el embarazo, una infección de orina no cursa como la conocemos, Se nota por las molestias en forma de pinchazos y poco más. No tuve ni escozor ni molestias al ir al baño, eso sí, las ganas de ir al baño aumentaron.

Los movimientos de Baby E ya son mucho más frecuentes y se notan perfectamente. Es una sensación única. Desde que comencé a sentirla es todo mucho más real y relajado (dentro de las preocupaciones normales y los malditos miedos) Ahora ya no necesitas verla o escucharla para saber que sigue ahí, sus maravillosas pataditas te lo recuerdan muy a menudo y es, sencillamente, maravilloso.

Las noches siguen siendo complicadas (y sólo estoy empezando...) Mi insomnio continua conmigo y, como cada vez me levanto más veces para ir al baño, el volver a dormir se me hace difícil. Como el dolor de espalda iba a más, me he comprado ya la almohada maternal/cojín de lactancia (nunca se como leches llamarlo) y os prometo que es una de las mejores compras que he hecho. Elegí esta, y os la recomiendo:
Dormir con ella es una gozada, me enrosco como si fuera el amor de mi vida. Se adapta perfectamente a mi y gracias a su longitud y múltiples posturas, puedo ponerla entre las piernas (de esta manera la sensación de bienestar aumenta porque se descansa el abdomen y se relajan las caderas y la entrepierna), apoyando la espalda, bajo los pies... ¡Un plauso para ella! Y lo mejor, cuando nazca mi niña, me servirá para mil cosas más como la lactancia, para sujetarla, apoyarla, como barrera... Otro aplauso, esta vez para su inventor.

Ya estoy en la Semana 20, y con ello, llegué al ecuador de mi embarazo, pero eso os lo contaré dentro de poquito.



2 comentarios:

  1. Bendito cojín!!! será tu amigo inseparable, ya verás! Jajaja

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    1. Jajaja además de verdad. Lo quiero con toda mi alma! Menuda diferencia!
      Un besooo!

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